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Desde hace más de 20 años, su cocina mantiene viva la misión de FUNDACOES en Tegucigalpa

noviembre 10, 2025
CRISTIAN ROSADO
acoes web

Guadalupe Chevez: una vida dedicada a servir desde la cocina de la escuelita San Cristóbal en el barrio La Bolsa, Comayagüela, Honduras

Guadalupe Chevez después de una larga jornada en la cocina.

La cocinera del Centro de Desarrollo San Cristóbal de FUNDACOES lleva su sazón a cualquier rincón y más si es en su casa modesta, al borde de las riberas del río Choluteca hoy convertido en un desagüe de aguas negras que cruza la capital del país.

“Cuando llegó, llegó como una luz”, dice Guadalupe Chevez Figueroa cocinera del centro, recordando cuando FUNDACOES aterrizó en el barrio para ayudar a los niños de este lugar.

P: ¿Quién es Lourdes?                                                                                                                                                                              R: Me llamo Lourdes Guadalupe Chevez Figueroa. Soy de Aguanqueterique, municipio del departamento de La Paz y vine a Tegucigalpa hace cincuenta y cuatro años. Mejor dicho: llegué aquí a los seis años. Soy madre soltera, con 5 hijos ahora todos mayores de edad. Hace 24 años vivo en el barrio La Bolsa.

Casas del barrio La Bolsa en Comayagüela, Honduras, a la derecha una pila de agua para uso. comunitario.

P. ¿Cómo conoció al proyecto de FUNDACOES?                                                                                                                                   R: Me enteré porque antes daban comida a los chicos de la calle en “La Atómica”, un almacén ubicado en el mercado de Tegucigalpa. Mi nuera vendía verduras de manera ambulante. Fue ella quien los conoció primero.

P. ¿Había alguna escuela o algo para ayudar a los jóvenes de la zona?                                                                                               R: En ese tiempo no había escuelita. Del gobierno: ni sombras, ni mentiras, ni quejas. Nada. Aquí vivían los chicos de la calle… Muchachos con vicios.

Su cocina: de tablas de madera con hornilla de tierra y su fuego de leña.

P. ¿Usted recuerda cómo empezó a mejorar todo aquí en el barrio la Bolsa?                                                                                    R: Recuerdo muy bien que todo empezó a mejorar en marzo de 2002. Las personas de FUNDACOES les enseñaban a los muchachos a leer, a escribir. También les daban una comida todos los días.  Como en muchas colonias olvidadas, aquí no había escuela. Fue la mamá de Maholy Irías, la primera voluntaria. Ella prestó un cuarto para dar clases. Era un lugar cubierto por laminas de zinc y piso de tierra. Sin sillas, sin mesas. Así comenzó el Centro de Desarrollo San Cristóbal en el Barrio La Bolsa que ahora es una modesta aula para que los niños del barrio y lugares cercanos puedan llegar y reforzar asignaturas básicas como español, matemáticas e incluso valores morales y la fe cristiana.

Aquí todas las casas son de tablas de madera, o en su caso con láminas de zinc.

P. ¿Cuándo empezó a colaborar con los niños y luego con la fundación?                                                                                          R: Cuando empezaron los niños con las clases, vino una española de nombre Ana Rubio con Rosita Estupiñán. Querían una persona que los apoyara en la cocina. Yo estaba cerca y estaba disponible. Me dijeron que traerían todo lo necesario para cocinar.  Y bueno… Empecé a cocinar, hasta el día de hoy.

Doña Lupe como se le dice en el barrio encendiendo el fuego para empezar la jornada.

P. ¿Cuántas comidas hace al día y cuantos niños reciben cada día esta alimentación?                                                                     R: Más que todo por la situación de la familia —son niños con desnutrición y en algunos casos con cuadros de desnutrición aguda—, los niños vienen a la una de la tarde para el almuerzo,  y a las cuatro y media o cinco y media, para la cena. Cuando no hay mucha comida les hago una merienda a las cinco. Al día damos más de 60 platos de comida para 34 niños.

P. ¿Cómo es un día en la cocina de doña Lupe?                                                                                                                                    R: Me levanto a las 5AM. Lo primero que hago es blanquear la hornilla, blanqueo mi juego, miro si los trastes están lavados. Cocino aún con leña. Cuando hago frijoles, los pongo a cocer, los condimento, y ahí estoy atizando el fuego. A las diez empiezo a hacer el arroz o lo que vaya a hacer de comida para ese día. A las 12PM los niños están almorzando. Y luego, se van a la escuelita, reciben sus clases. A las 5PM les tengo la cena.

P. ¿Ha visto algún fruto de las generaciones que han pasado?                                                                                                           R: ¡Sí! Los niños han llegado a la universidad y han terminado. Se han graduado. Usted sabe que a veces el mundo no es parejo. Hay unos que se han retirado. Pero algo ha quedado de ellos. Aquí se graduó mi hijo que todavía está estudiando. Empezó con FUNDACOES y sigue. También Nasly Celeste Ríos que inició en la escuelita y ahora está en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), estudiando la licenciatura en Pedagogía.

Los niños reunidos dentro de la escuelita a la hora de la comida.

P. ¿Quiere contarnos alguna historia bonita?                                                                                                                                        R: La historia de una madre que venía a dejar sus niños a la escuelita y los recogía por la tarde noche. Venía de muy lejos. A pie. Yo la admiraba.. Estuvo viniendo durante unos cuatro años. Venía y los dejaba… Dos niños y una niña. Siempre a pie. Estuvieron tres años con nosotros. No he vuelto a saber nada de ellos.

P. ¿Qué le impulsa a seguir cocinando?                                                                                                                                                     R: Los niños, su felicidad de verles felices. Es una ayuda que viene a solventar muchos problemas económicos. Los niños se sienten apoyados, tienen cuadernos, lápices, una mochila y, a veces, uniformes. Este proyecto es una luz.

P. ¿Qué representa la fundación para usted?                                                                                                                                        R: . FUNDACOES es para mí, —mi segunda familia—.

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