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ACOES GALICIA CON HONDURAS

Financiados por la Oficina de Cooperación y Voluntariado de la Universidad de La Coruña, jóvenes gallegos han visitado varios países del mundo para conocer sus realidades y colaborar como voluntarios. Entre ellos, cuatro han compartido su voluntariado en Honduras: Andrea, Mariana, Marta y Enrique. Todos han vivido una experiencia inolvidable APRENDIENDO A COMPARTIR.

Os dejamos el testimonio de Enrique Chacón:
“En los últimos días de voluntariado he podido visitar varias de las escuelas de ACOES en la capital, Tegucigalpa. He colaborado en diferentes actividades en las escuelas de Virgen de Suyapa, la Nora y la Bolsa. Esta última, un centro de desarrollo para niños, está situada en uno de los barrios más pobres y marginales de la ciudad, por lo que toda ayuda es poca y el simple hecho de convivir con diferentes personas ya es una gran motivación para el alumnado a la hora de asistir a la escuela.
Ahora, tras casi dos meses en terreno y a pocas horas de regresar a casa, empiezo a ser consciente de la magnitud y de la trascendencia que esta experiencia está teniendo y tendrá en mi vida.
Desde que llegué mi percepción y mis sentimientos han ido cambiando bastante y para bien. Al principio estaba un poco desconcertado, porque mi idea inicial era colaborar en la capital, donde ya sabía que colaboran muchos voluntarios españoles con la ONG. Pero al llegar a Texiguat la imagen mental que yo tenía del voluntariado cambió por completo, venir aquí solo sin nadie cercano a mi cultura fue una bofetada de realidad.
En primer lugar hay que adaptarse a la ausencia de muchas de las comodidades a las que estamos acostumbrados, lo cual sirve para darte cuenta de lo absurdas y prescindibles que son algunas de ellas.
La percepción del tiempo también cambia, ya que aquí todo parece girar más lento, la gente se toma la vida con más calma y tranquilidad. Los niveles de estrés y de presión a los que se somete a nuestra sociedad no son sanos, por lo que en parte se agradece disfrutar de esa paz interior que la vida europea muchas veces no te permite. Aquí no existe esa ansiedad por hacer planes continuamente hasta ocupar la agenda por completo. El problema viene cuando esa tranquilidad se transforma en pasividad, ya que da la sensación de que mucha gente se olvida de luchar por sus derechos básicos cuando se los arrebatan.
Aparte tuve que comprender y asumir un cambio en el tipo de relaciones humanas, ya que la gente se abre y es muy calurosa cuando ya tiene confianza, pero si todavía no te conocen mantienen mucho las distancias y es raro que alguien tome la iniciativa de hablarte, sobre todo en el caso de los jóvenes. Es por eso que los primeros días se me hicieron algo largos, pero entendí que tenía que hacer un esfuerzo por aproximarme a la gente y romper esa barrera. Empecé a preguntar todo aquello que me causaba curiosidad, a animar a la gente a hacer planes conmigo y a introducirme en sus rutinas y en sus costumbres, a ser un hondureño más. La confianza fue aumentando progresivamente, una persona te lleva a otra y eso me permitió introducirme en diferentes círculos y experimentar un verdadero intercambio cultural. Contar con la gente de aquí me ayudó a organizar mejor y con más apoyo las dinámicas y las actividades en los centros educativos y en el internado, ya que al fin y al cabo son ellos los que conocen mejor las necesidades, las dificultades y las oportunidades que la realidad presenta.


A veces, por desgracia, el hecho de ser español es una ventaja con respecto a la gente local a la hora de hacer propuestas a las instituciones, ya que te tienen más en cuenta (como la de la limpieza del río). Conozco a vecinos que han tenido iniciativas interesantes para mejorar la calidad de vida del pueblo pero que no han recibido el apoyo necesario o directamente no han sido escuchados, y eso a la larga genera frustración y dependencia de figuras externas que muchas veces no aparecen. Es por eso que les insisto a los niños y jóvenes sobre la importancia de participar en la vida del pueblo, de organizarse, de proponer y de reclamar todo aquello que necesitan o que debe cambiar. Uno solo quizás no hace nada, pero a un pueblo unido como mínimo lo van a escuchar. La gente deja el futuro del pueblo en manos de Dios, y yo les digo que si Dios existe seguro que está deseando que el pueblo sea protagonista, que demuestre su valía y que labre su propio futuro. Tienden a excusarse en que sin dinero no se puede hacer nada, y aunque la carencia del mismo es una gran dificultad, creo que en esta área hay materia prima de sobra para crecer, infinidad de recursos naturales que están ahí esperando a ser cuidados y aprovechados. La riqueza no es solo física, sino también cultural, ya que en Honduras conviven diferentes etnias con idiomas y costumbres bien diferenciadas. Por ello la educación ambiental y la educación intercultural fueron protagonistas en la mayoría de mis actividades.
Partiendo de que la religión es uno de los ejes vertebradores de la cultura hondureña, muchas veces participo en reflexiones bíblicas con los jóvenes e intento que mis interpretaciones sean aportaciones a la realidad local. Siempre les digo que hay que mantener una coherencia entre el discurso y las acciones, ya que Jesús no solo enseñó a orar, sino que también enseñó a los pueblos a organizarse, a entender el concepto de casa común y en consecuencia a cuidar de los recursos naturales que hay alrededor y a aprovecharlos para compartirlos y repartirlos. Hay muchas multinacionales que aprovechan la energía solar o la hidráulica de estas áreas para llevarla a otros países o venderla aquí a precios inasumibles, pero a la población local no se le dan las pistas ni la información necesaria como para ser conscientes de la riqueza de esta zona. En ese sentido creo que la resaca del colonialismo todavía está teniendo un efecto negativo, ya que existe la tendencia a creer que todo lo de fuera es mejor y se olvidan de que la solución está aquí. Comento todo esto porque en el plano personal lo que más me ilusiona de esta experiencia es aportar mi granito de arena para encender la chispa que cambie la resignación en ganas de cambiar las cosas y participar activamente. En definitiva, lo más hermoso es contribuir a recuperar el amor propio, ese que ha llevado a América Latina a ser un ejemplo de resistencia y superación.
A pesar de toda esta parrafada, el que más he aprendido y el que más enriquecido sale soy yo. Aprender otro modo de vida y reflexionar in situ sobre la diversidad y la diferencia de realidades y de culturas no tiene precio.
A continuación dejo una canción que bien puede resumir la esencia de lo que ahora mismo siento: amor a Honduras, tomando conciencia de lo positivo (que no es poco) para cambiar lo negativo”

https://m.youtube.com/watch?v=HWhEowGHhvI

PINCHA AQUÍ para ver más fotos del voluntariado de Enrique en Honduras.

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